Recordando al Papa Francisco
Con profunda tristeza, la Iglesia lamenta el fallecimiento del Papa Francisco, quien desde el comienzo de su pontificado proclamó alegremente el amor misericordioso de Dios y llamó a todos a ser testigos de esa misericordia. El defendió la escucha, el dialogo y la sinodalidad, encarnando el Evangelio a través de su cuidado por la creación y los marginados. En este tiempo de duelo, la Iglesia invita a todos a orar por su descanso eterno, la elección de su sucesor y la guía del nuevo Papa.
Misa por el Papa Francisco
Todos están invitados a unirse a Monseñor Kevin C. Rhoades para una Misa de Difuntos. Algunas de las partes de la Misa serán en español.
Miércoles 23 de abril
6 p.m.
Cathedral of the Immaculate Conception
Novena en Memoria del Papa Francisco
Toda la Iglesia lamenta la muerte de nuestro Santo Padre, Francisco. En catedrales, basílicas, iglesias parroquiales, santuarios y capillas se ofrecerá la Sagrada Eucaristía para el descanso de su alma. Las comunidades y los individuos pedirán a Dios que conceda su infinita misericordia al hombre que sirvió a la Iglesia como Obispo de Roma. Esta novena ha sido preparada para ayudar a orar por el Papa durante este tiempo de duelo.
Primer día
Segundo día
Tercer día
Cuarto día
Quinto día
Sexto día
Séptimo día
Octavo día
Noveno día
Sucesor del apóstol Pedro
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
Lectura de una carta a los corintios de san Clemente I, Pap
Habiendo recibido sus órdenes, los apóstoles salieron, plenamente convencidos por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, confiando en la palabra de Dios y asegurados por el Espíritu Santo. Salieron a proclamar que el Reino de Dios estaba cerca en todo el campo y en las ciudades.
Probaron en el Espíritu los primeros frutos de su predicación, y designaron obispos y diáconos a aquellos que más tarde llegarían a creer… Nuestros apóstoles sabían también, por medio de nuestro Señor Jesucristo, que habría discordia por el oficio del episcopado. Y así, con perfecta previsión, cuando ordenaron a aquellos hombres, los apóstoles les dieron el mandato de que cuando fallecieran, otros hombres probados los sucedieran en su ministerio. (42, 3-4; 44, 1-2)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Te rogamos, Señor, que escuches compasivo las súplicas que te presentamos
por la salvación del alma de tu siervo Francisco, sacerdote, que en tu nombre desempeñó con fidelidad el ministerio, para que pueda alegrarse eternamente
en la compañía de tus santos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Unión entre el Papa y los obispos
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium
La unión colegial [de obispos] se manifiesta también en las mutuas
relaciones de cada Obispo con las Iglesias particulares y con la Iglesia universal. El Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles. Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia católica, una y única. Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el vínculo de la paz, del amor y de la unidad. (n. 23)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Señor Dios, pastor inmortal de las almas, mira a tu pueblo suplicante
y concede que tu siervo, el Papa Francisco, que presidió en la caridad a tu Iglesia,
obtenga misericordiosamente, junto con el rebaño a él confiado, la recompensa del administrador fiel.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Pedro, el primero de todos los apóstoles
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura del santo Evangelio según san Mateo
Llamando Jesús a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor. (10, 1-4)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Dios nuestro,
que recompensas con justicia a todos los hombres, concede que tu siervo, el Papa Francisco,
a quien constituiste sucesor de Pedro y pastor de toda la Iglesia,
pueda gozar eternamente en el cielo
de los misterios de la gracia y del perdón, que él administró fielmente en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
El ministerio petrino de misericordia
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura de la carta encíclica Ut unum sint de san Juan Pablo II, Papa
Heredero de la misión de Pedro, en la Iglesia fecundada por la sangre de los príncipes de los Apóstoles, el Obispo de Roma ejerce un ministerio que tiene su origen en la multiforme misericordia de Dios… La autoridad propia de este ministerio está toda ella al servicio del designio misericordioso de Dios y debe ser siempre considerada en este sentido. Su poder se explica así. Refiriéndose a la triple profesión de amor de Pedro, que corresponde a la triple traición, su sucesor sabe que debe ser signo de misericordia. El suyo es un ministerio de misericordia nacido de un acto de misericordia de Cristo… La Iglesia de Dios está llamada por Cristo a manifestar a un mundo esclavo de sus culpabilidades y de sus torcidos propósitos que, a pesar de todo, Dios puede, en su misericordia, convertir los corazones a la unidad, haciéndoles acceder a su comunión. (nn. 92-93)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Concede, Dios todopoderoso, que tu siervo, el Papa Francisco,
a quien encomendaste el cuidado de tu familia, entre, con el fruto abundante de su trabajo,
al gozo eterno de su Señor.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
“Confirma a tus hermanos…”
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Jesús dijo: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”. Pedro le contestó: “Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”. Jesús le replicó: “Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”. (22, 31-34)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Concédenos, Señor,
que tu siervo Francisco, sacerdote,
a quien, mientras vivía en este mundo, encomendaste el ministerio sagrado,
goce siempre de felicidad en la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Maestro auténtico de la fe
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura del Catecismo de la Iglesia Católica
El Romano Pontífice y los obispos como “maestros auténticos por estar dotados de la autoridad de Cristo… predican al pueblo que tienen confiado la fe que hay que creer y que hay que llevar a la práctica” (Lumen gentium, 25). El magisterio ordinario y universal del Papa y de los obispos en comunión con él enseña a los fieles la verdad que han de creer, la caridad que han de practicar, la bienaventuranza que han de esperar. (n. 2034)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Señor Dios, que en tu providencia inefable quisiste que tu siervo, el Papa Francisco, fuera pastor supremo de tu Iglesia,
te rogamos que, quien fue Vicario de tu Hijo en la tierra, sea por él mismo recibido en la gloria eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Pedro, la unidad de la Iglesi
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura de un sermón de san Agustín
El Señor Jesús, antes de su pasión, como saben, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única… En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. (Sermo 295, nn. 2, 4)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Señor Dios, que concediste a tu siervo, el Papa Francisco,
desempeñar el ministerio episcopal y ser sucesor de los Apóstoles,
te pedimos que también participe de su eterna compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
“Tú eres Pedro…”
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura del santo Evangelio según san Mateo
Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes,
¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. (16, 13-19)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Dios nuestro,
que recompensas con justicia a todos los hombres, concede que tu siervo, el Papa Francisco,
a quien constituiste sucesor de Pedro y pastor de toda la Iglesia,
pueda gozar eternamente en el cielo
de los misterios de la gracia y del perdón, que él administró fielmente en la tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
“Apacienta mis ovejas…”
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Lectura del santo Evangelio según san Juan
Le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó, “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas”. (21, 15-17)
Haga una pausa para orar en silencio.
Rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria.
Concédele, Señor, el descanso eterno.
— Y brille para él la luz perpetua.
Señor Dios, pastor inmortal de las almas, mira a tu pueblo suplicante
y concede que tu siervo, el Papa Francisco, que presidió en la caridad a tu Iglesia,
obtenga misericordiosamente, junto con el rebaño a él confiado, la recompensa del administrador file.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Declaración de Monseñor Kevin C. Rhoades
“Hoy, lunes de Pascua, el Papa Francisco llegó al final de su peregrinaje terrenal. Él pasó de esta vida a la prometida por nuestro Señor Resucitado. Lamentamos la muerte de nuestro amado Santo Padre con mucha tristeza, pero también con el gozo interior que brota de nuestra esperanza en la vida eterna.
Durante los últimos 12 años, el Papa Francisco ha sido un ejemplo brillante para la Iglesia y el mundo de la alegría y la esperanza del Evangelio. Ha sido una voz incansable para los pobres, los que sufren y los olvidados, llamándonos a todos nosotros a ser testigos de Cristo, nuestra esperanza, a través de nuestro amor por todos los necesitados. Nos ha enseñado repetidamente mediante sus palabras y sus acciones que la opción preferencial por los pobres está al centro del Evangelio y de la misión de la Iglesia. Yo creo que este será el legado más duradero del Papa Francisco.
La última vez que hablé con el Santo Padre fue este octubre pasado, al final del Sínodo en Roma, cuando le agradecí por su más reciente encíclica sobre el Sagrado Corazón de Jesús. Fue su cuarta y última encíclica, una reflexión hermosa del amor de Cristo, el amor que conquista al pecado y la muerte. Él enseñó cómo la Iglesia y el mundo necesitan ese amor. Ayer, en su mensaje de Pascua, el Papa Francisco escribió que todos los que ponen su esperanza en Dios deben ser testigos de la victoria del amor. La muerte es el momento del gran encuentro con el Dios del amor. Al lamentar el fallecimiento del Papa Francisco, oremos para que el Señor, en Su amor, lo reciba en Su gloria, la alegría eterna del cielo”.
Por más de una década, los seminaristas de la Diócesis de Fort Wayne-South Bend han estudiado en la Universidad Pontificia Norteamericana en Roma. Aquí nos comparten algunos de sus recuerdos personales del Santo Padre y cómo su ministerio formó el de ellos.
“Estaba cara a cara con la roca de la Iglesia, y el Papa Francisco nos saludó a cada uno con una firmeza humilde y alegre. Era la firmeza de la roca de Pedro. Aquí estaba un hombre sobre cuyos hombros Cristo confió Su Iglesia.”
– Diácono Nicholas Monnin
“Cuando se elevó el humo blanco, hubo una avalancha hacia las barricadas al frente de la plaza y yo corrí hacía ellas, quedando en la tercera fila detrás de la barricada cuando el Papa Francisco fue anunciado y salió del balcón para saludar a la multitud. Fue un momento increíble lleno de alegría y amor por la Iglesia.”
– Padre Royce Gregerson
“Pienso con afecto en las primeras palabras que el Papa Francisco nos ofreció a mis compañeros y a mí cuando llegamos a Roma: ‘En particular, saludo a la comunidad de la Universidad Pontificia Norteamericana, en especial a los nuevos seminaristas quienes recién llegaron, y los animo a un compromiso espiritual y fidelidad al Evangelio y a la Iglesia.”
– Patrick Ernst
“‘Santo Padre’, dije, ‘Non abbiamo dimenticato di pregare per Lei’, lo cual se traduce a, ‘Santo Padre, no hemos olvidado orar por usted’. El pausó brevemente y después respondió, ‘A favore, o contra?’, ‘¿A favor o en contra?’ Era uno de sus chistes clásicos. Me guiñó, me dio un rosario y apretó mi mano.”
– Padre Zane Langenbrunner
“[El Papa Francisco] y yo estábamos solos en el cuarto pequeño y callado. De cerca, podías notar que estaba fatigado, profundamente cansado bajo el peso de su cargo. También podías notar su determinación. Era decidido, aceptando la carga libre y alegremente cada día, por amor al Señor y por amor a la Iglesia que dirigía.”
– Padre Samuel Anderson
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